El Carnaval de Blancos y Negros: una fiesta que celebra la diversidad y el derecho a la alegría
Pasto, Nariño — Entre el 2
y el 7 de enero, la ciudad de Pasto volvió a convertirse en un escenario de
colores, música y tradición con la celebración del Carnaval de Blancos y
Negros, una de las fiestas culturales más emblemáticas de Colombia y declarada
Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Este carnaval, que reúne expresiones indígenas, afrodescendientes y mestizas, es mucho más que un evento turístico: es un espacio de encuentro comunitario donde miles de familias reivindican su identidad, su memoria y su derecho a la alegría. En cada comparsa, carroza y danza se reconoce el trabajo de artesanos, músicos, pintores y colectivos barriales que preparan sus obras durante meses.
El Carnavalito abrió la
programación con la participación de niñas y niños que, con minicarrozas y
disfraces elaborados, demostraron que la tradición sigue viva en las nuevas
generaciones. El Canto a la Tierra, por su parte, recordó la profunda conexión
de los pueblos andinos con la naturaleza, un mensaje urgente en tiempos de
crisis ambiental.
El 5 de enero, durante el
Día de Negros, miles de personas se pintan el rostro como símbolo de igualdad y
libertad, evocando antiguas celebraciones afrodescendientes. Al día siguiente,
el Día de Blancos llenó las calles de espuma, talco y carrozas monumentales que
deslumbraron por su creatividad y maestría técnica.
Más allá del espectáculo,
el Carnaval reafirma el valor del trabajo colectivo y la importancia de la
cultura como un componente esencial del bienestar. En Pasto, la fiesta se vive
como un acto de salud emocional y comunitaria: un momento para liberar
tensiones, fortalecer vínculos y celebrar la vida.
Desde El Usuario de la
Salud, destacamos esta celebración como un ejemplo de cómo las expresiones
culturales contribuyen al tejido social, al reconocimiento de la diversidad y
al fortalecimiento de la identidad de los pueblos. El Carnaval de Blancos y Negros
no solo embellece las calles: también renueva el espíritu de quienes lo viven.

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